martes, 7 de marzo de 2017

Querer quiero, pero no puedo.

Maider López .- Zoom In
Galería Espacio Mínimo
C/ Doctor Fourquet, 17
Hasta el 11 de marzo

Aitor Merino Martínez

 «Que la fe mueve montañas uno lo empieza a comprender más tarde.
Y si no… siempre puedes mover piedras.»
Aitor Merino Martínez a partir de Maider López

La Galería Espacio Mínimo acoge por vez primera un proyecto de la artista donostiarra Maider López. Un montaje monumental dividido en 3 espacios complementarios: el Museo Geominero, la propia galería y su stand en la feria Arco.  No son pocas las críticas recibidas por sus replanteamientos del espacio público (sólo es necesario recordar el feroz artículo de María Peña Lombao a raíz de su intervención en el museo MARCO desplazando la planta del edificio y consiguiendo con ello construir un precioso banco de medio metro atravesando las salas de la planta baja), tal vez por ello haya abandonado la intervención pública para acercarse en este trabajo a unos planteamientos pseudo-ecologistas.

Aun con las enormes diferencias que las separan, no resulta especialmente complicado crear un paralelismo entre esta propuesta y la dudosa 1645 Tizas que presentó en Matadero hace ahora un año. En ambos proyectos plantea una trasformación del color: mientras que en Matadero convertía el inmenso espacio en un enorme White Cube, esta vez repinta azulejos en un intento por capturar el color de la naturaleza y llevarlo al espacio galerístico (¡nada menos!). En ambas propuestas presuponemos un trabajo grupal previo realizado a puerta cerrada que se nos hace palpable en el resultado expuesto y la documentación aportada. En ambos casos necesitamos alejarnos y acercarnos a la superficie, sólo así podremos percatarnos de las marcas dejadas por la tiza sobre las paredes de la Nave 16 o los pequeños azulejos repartidos por el suelo de la galería. Ambas utilizan la repetición de gestos mínimos para la construcción de obras aparentemente grandiosas, aunque en este caso podríamos dudar de la grandiosidad de esta columna con pretensiones brancusianas.

Como señala la propia artista en la hoja de sala, frente a un paisaje le resulta imposible fijar la atención en un solo color de entre todos los que le conforman. En esta ocasión realiza el proceso inverso y ensalza un solo color a la categoría de arte. Pregunta aparte sería qué nueva percepción del paisaje quiere lograr pintando azulejos, ¿no sería más fácil trasladar directamente los elementos naturales que le dictan el color (una planta, una piedra o una colmena) al espacio galerístico ahorrándonos la mínimo participación de estos estudiantes universitarios? Si Angélica Dass demuestra en su descomunal serie fotográfica lo absurdo de utilizar expresiones como “persona blanca” por la inexactitud de esta y la simplificación que realiza de tal cantidad inmensa de pantones, más absurdo es que Maider pretenda simplificar el polícromo paisaje de los valles de Capadocia en 40 azulejos de colores.

El montaje de la exposición tampoco es que resulta totalmente atinado. A pesar de lo que su nombre dice, las salas de la galería Espacio Mínimo tienen bastante poco de esto último. Un puñado de fotografías dispersas por la sala a diversas alturas, unos azulejos en el suelo que te hacen dudar de si verdaderamente forman parte de la muestra, una brocheta de piedras y un papel impreso con coordenadas geográficas no creo que aprovechen lo más mínimo las posibilidades del espacio. La muestra es un constante quiero y no puedo: unos azulejos que quieren proponer una nueva forma de experimentar el paisaje, una obra  que pretende tener una repercusión social a través de la implicación de un puñado de estudiantes universitarios, un montaje que juega con el inmenso espacio y sus diferentes alturas  colocando obras en mitad de la escalera… una disposición de los objetos con clara tradición minimalista que más que posibilitar una nueva experimentación del paisaje nos permite comprender cómo sería la obra de Carl Andre si este fuese daltónico. Querer quiero, pero no puedo.  Antes de dejarse los ahorros en esto, mejor enterrarlos junto a los otros 10.000 de Karmelo Bermejo. 

jueves, 2 de marzo de 2017

¿Fin de la cita?

Borrador para una exposición sin título (cap. II)
Comisario: Manuel Segade
Centro de Arte 2 de Mayo, Móstoles
Hasta el 7 de mayo de 2017

Aitor Merino Martínez

«Atención. Empezamos a estar satisfechos. Deberíamos atrevernos a utilizar de nuevo la palabra: Resistencia» - Del oficio del ser visto, Juan Muñoz

El nuevo director del Centro de Arte 2 de Mayo de Móstoles, Manuel Segade, ejerce esta vez como comisario de la exposición antológica de las artistas Cabello/Carceller. Durante los casi 30 años de su trayectoria han utilizado toda clase de medios para la crítica de los sistemas hegemónicos de representación y la exclusión de las minorías que llevan consigo, leitmotiv de la mayor parte de su producción. La solidez de sus propuestas han convertido su carrera artística en una de las más reputadas del panorama español, algo que las llevó a formar parte del Pabellón Español en la Bienal de Venecia de 2015 junto a los artistas Pepo Salazar y Francesc Ruiz. La presente muestra realiza un recorrido de amplia cronología por su producción, desde sus primeros trabajos a inicios de los 90 hasta los más actuales, marcados por el auge del neoliberalismo.

En su obra se pone especialmente de manifiesto el ya famoso “lo personal es político” de Kate Millet. Sus vivencias autobiográficas exceden sus propias vidas y se convierten en referentes de una exclusión más generalizada. Ya sea mediante la apropiación del insulto “bolleras” (como anteriormente sucedió con el término queer) o la utilización de su papel público para rememorar a las víctimas de la LGTBfobia en España, Cabello/Carceller ejercen un papel activo y activista en la defensa de una “otra” realidad, no apoyada o visible en los circuitos mayoritarios. No obstante, lo más característico de su producción son los continuos guiños y apropiaciones que hacen de la historia del arte. La figura referencial de Félix González-Torres se vislumbra a lo largo de la mayor parte de su producción, entrecortándose con otras referencias tanto a artistas como Malevich o David Hockney como a elementos iconográficos fílmicos o el ya famoso urinario (obviamente masculino). El vídeo que recibe a los visitantes, The End (después y antes), que forzosamente me obliga a recordar los campos sembrados de butacas de Perejaume, nos pone en contacto con esta dislocación entre tiempo y espacio. Lo que vemos y lo que oímos tal vez no sea exactamente lo que hay, sino más bien un pequeño rescoldo de lo que hubo.

Ante la producción de Cabello/Carceller, de la que personalmente me considero gran admirador, no puedo dejar de sentir esa sensación de anacronismo. Un discurso fundamentado en la crítica del género en pleno 2017 parece ser un último coletazo de una producción marcada por las revueltas sociales a favor de la liberación sexual, pero también impregnada de pesimismo ante la pronta y repentina muerte de muchos de sus máximos exponentes a causa del sida (Pepe Espaliú, González Torres y su pareja, Keith Haring…). No obstante, Cabello/Carceller incorporan a dicho discurso referencias de total actualidad que mantienen su producción en continua vigencia. Estas referencias se ponen especialmente de manifiesto en el vídeo-ensayo El estado de la cuestión, incorporando elementos como la nacionalidad y la inmigración. Pese a la gran cantidad de bibliografía que apoya su producción, resulta complicado no tener cierta sensación de monotonía temática. No obstante, la alternancia de soportes/medios y la inclusión de la música en algunos de sus trabajos ayudan a generar la sensación de mayor dinamismo.

Tanto esta exposición como la mayor parte de la producción de Cabello/Carceller intentan mantener vivo un discurso crítico abandonado por el propio progreso social (hacia la aparente tolerancia) y la pérdida de sus máximos representantes. Pese a sus en ocasiones forzados intentos de actualizar dichos discursos (sólo es necesario rememorar su última exposición en la Galería Elba Benítez rapeando los textos de Foucault, Sontag, Butler y Mbembe), la proyección internacional de su trabajo las convierte en referentes de un tipo de producción en peligro de extinción.




miércoles, 22 de febrero de 2017

Palabras, palabras, palabras… y más de lo mismo

Palabras, palabras…
Galería Moisés Pérez de Albéniz
C/ Doctor Fourquet, 20
Hasta el 18 de marzo

Aitor Merino Martínez


«El hombre cree que controla su destino, cómo se ríen los dioses al oír esto»
La página en blanco, Pilar Jurado

Pocas palabras hacen falta para presentar al artista catalán Antoni Muntadas (Barcelona, 1942). Uno de los máximos exponentes del arte conceptual español, pionero de la videoinstalación y la utilización de la televisión como fuente, medio y resultado, incluso me atrevería a decir que escenógrafo frustrado (sólo es necesario recordar el monumental montaje de su exposición Entre/Between que se celebró en el Museo Reina Sofía en el año 2011). Desde 1974 planteó la fusión entre el arte y la vida, y a lo largo de estas décadas únicamente fue adaptando su preocupación por como los medios de comunicación construyen las hegemonías a los nuevos medios que surgían. Como reconocía en una conversación con Daniel Canogar en junio 2014: “El cambio de los medios no me afecta, sólo me adapto y los incorporo en mi obra”.  La rápida evolución que su trabajo vivió puede verse actualmente en la Galería José de la Mano, que recuerda las colaboraciones entre el artista catalán y la galería Vandrés entre 1971 y 1980.

La muestra Palabras, Palabras…, la segunda que acoge la Galería Moisés Pérez de Albéniz de dicho artista, plantea una reflexión sobre la construcción de la hegemonía política. Por un lado la escenografía utilizada para su legitimación (1. 6 mai 94 o Architektur / Raum / Gesten), por otro la utilización, manipulación y resignificación que hacen del lenguaje. Los términos mutan, se metamorfosean y desaparecen en brumas oscuras que los hacen ilegibles. La obra que mejor sintetiza las preocupaciones de Muntadas es sin ninguna duda The Press Conference Room, donde utiliza su tradicional lenguaje escenografiado para reflexionar sobre como los medios de comunicación, aparentemente objetivos, legitiman en sus artículos a un líder ausente que (ironías de la vida) sólo se hace visible a través de una televisión.  

No obstante, a lo largo de toda la exposición no puedo dejar de sentir cierto simplismo en tan teatralizado montaje. Las obras de Muntadas, caracterizadas por ir acompañadas de una gran cantidad de información,  poco tienen que ver con estas grandes serigrafías que recuerdan más a su época de artista público/publicista, entre cuyos eslóganes encontrábamos los ya clásicos “Choose your weapon”, “This is not an Advertisement” o “Warning: perception requires involvement”. Que el espectador debe posicionarse y descubrir los recursos utilizados para la manipulación de la información resulta una obviedad ante trabajos tan resultones que poco pueden aportar.  En la conversación a la que anteriormente me refería, Muntadas me comentaba su deseo de destruir la mayor parte de su obra antes de morir. Es tal la cantidad de información que rodea a su trabajo que, antes de que lo haga otro, prefería ser él quien destruyera lo innecesario y legase únicamente aquello que aportase algo. De cumplir con su palabra, algo que no estoy tan seguro de que sus galeristas consientan, estas impresiones debían de servir como sacrificio o ser reutilizadas como cartelería urbana por parte de algún colectivo antisistema.  Es tan realmente mínimo lo que aportan a su nutrida producción que no creo que nadie pueda echarlas en falta.




Si dicha muestra pretendía ejemplificar como los discursos ya no son creados por un líder/individuo público si no por los medios de comunicación pseudoinformativos que juegan con el lenguaje, mutan el significado de los términos y así legitiman el poder… lo ha conseguido. Si pretendía iluminar a un espectador aparentemente desinformado que desconoce dicha manipulación informativa… realmente dudo de su utilidad. Recordar lo ya sabido, por muy estético que sea el montaje, es semejante a perder el tiempo.  
 
 
Copyright © Aitor Merino Martínez